Kira no sabía donde se encontraba, lo único que sabía es que se sentía tranquila y feliz.
Veía un prado rodeado de árboles, con fresca hierba y flores silvestres de colores muy llamativos. Kira estaba muy tranquila y relajada se sentía llena de paz cuando miraba a su alrededor, hacía un día esplendido y todo era maravilloso
Kira estaba tumbada, decidió levantarse y vio a su abuelo dirigirse hacía ella, Kira pensó que ahora que Mia había cumplido los 18 años y ya podía quedarse en la casa de su familia ella sola, pasaría demasiado tiempo sin verla.
Su abuelo llegó cerca de donde ella se encontraba y sin decir una palabra los dos se abrazaron y lloraron. Kira sabía que su abuelo estaba muerto por que ella no l había conocido, solo le había visto en fotos, por eso le había reconocido.
Su abuelo le tendió la mano y ella se aferró a el temiendo que fuera a desaparecer.
-Hola Kira.
-Hola abuelo.
-Tengo que mostrarte algo.
Se dirigieron en silencio hacia un espacio abierto de bosque, y allí el abuelo la enseño lo que estaba pasando y por que ella se encontraba allí.
Kira se asustó pesando que no podría volver a ver a su familia nunca, a su madre, a su padre y a Mia, que había sido como una hermana para ella.
-Cariño, no te asustes, no voy ha entretenerte mucho, solo quiero que veas donde vivo ahora para que siempre lo recuerdes.
-Abuelo por que me enseñas tu nuevo hogar, yo no voy apoder volver aquí en mucho tiempo, no digo que no quiera veros mas a la abuela y a ti, pero aun me quedan muchas cosas que hacer y que vivir.
-Kira, cielo, ¿crees que si eso fuese cierto estaría aquí contigo?
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