Mía entró en la habitación, cerró la puerta sin mirar atrás, mientras ella entraba yo miraba como se iba, sin poder decir ni una palabra.
Era la mujer que llevaba tanto tiempo esperando, había tardado toda una vida en localizarla, una vida suya, ella tenía 18 años recién cumplidos y yo llevaba siglos vagando por el mundo, esperando encontrarla.
Por que no me dejas entrar en tu vida, sin tener que contarte toda la mía de golpe, se que si te lo cuento huiras y no volveré a verte.
Deja que entre, por favor no te alejes de mi, ahora no.
Me pasé toda la noche esperando que ella me abriera la puerta de la habitación y me dejara entrar de nuevo. pero fue en vano ella no abrió, cuando pasaron un par de horas desde que se fue, supe que se había quedado dormida y decidí entrar.
Abrí la puerta poco a poco, para no hacer ruido, me senté en una silla al borde de la cama y la miré como dormía. No pasó muy buena noche, estuvo inquieta, no dejaba de moverse de un lado a otro y solo pronunciaba un nombre. ÁNGEL.
No quise hacerme ilusiones, así que, cuando comenzó a amanecer salí de su cuarto y me tumbe en el sofá, por si conseguía dormir algo.
Escuche como se levantaba, caminaba hacia el sofá y me tapaba con una manta que había en el brazo de este. se sentó a mis pies y no dejó de observarme. finalmente decidió despertarme con un beso el la mejilla.
-Vamos, estarás mejor en la cama.
-No te preocupes, aquí estoy bien.
-¿No quieres estar allí conmigo?
-Claro que quiero, pero cuando tu estés preparada no a la fuerza.
-No es a la fuerza, te lo estoy pidiendo yo. Pero si no quieres venir lo entenderé, y si quieres venir, estaré esperándote allí.
Asentí con la cabeza y ella se levanto del sofá y volvió a la habitación. Yo por mi parte volví a ver como se iba de mi lado sin abrir la boca.
Después de un rato, me levante y decidí ir a la habitación con Mía, me tumbe en un lado de la cama y ella me tapo con las sabanas y me abrazó.
-Mía, llevo mucho tiempo esperándote, pero no puedo contarte nada de mi vida aun.
-¿Por que?
-Es complicado, confía en mi, por favor.
-Necesito saber por que me necesitas a mi, y sobre todo por que has hecho todo esto, solo para tenerme cerca de ti.
-Por favor confía en mi, cuando llegue el momento te lo contaré.
La abracé,
-¿Me dejas darte un beso?
-Si.
Me acerque lentamente a ella, con miedo, esperando una mala reacción por su parte por acercarme tanto a ella, pero ella no reacciono.
Seguí besándola, primero su mejilla, fui bajando por su cuello hasta que llegué a sus hombros, me paré por si ella se alejaba, pero no se movió, y yo continué hacia abajo.
roce con mis labios sus pechos, baje hacia su cintura, me desvié a su pierna derecha pasando por la rodilla hasta el tobillo y subiendo de nuevo pero por la pierna izquierda.
Hice el mismo recorrido, cuando llegue a su rostro de nuevo ella giró la cabeza y rozo suavemente sus labios con los mios. En ese momento los dos nos dejamos llevar.
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